domingo, noviembre 01, 2009
domingo, octubre 25, 2009
Recordándote

Habitas en mi pensamiento, Indah.
Separada quizá por un hilo de sombra,
iluminada por la luz de un recuerdo:
vivo, intenso y añorado.
Joshua Naraim
Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazón.
Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos.
Es la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.
De "Esta Luz". Antonio Gamoneda
miércoles, septiembre 23, 2009
Homenaje íntimo: Emoción y lágrimas
A Indah, que partió hacía la Luz el 24 de mayo de 2009
Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Vives en mi silencio, en mi recuerdo,
en mi corazón y sobre todo en tu luz.
¡Buen viaje, amiga!
Joshua Naraim
El secreto
Quiero contarte un secreto que empieza
y nunca acaba, que va y viene, y se va;
quiero contarte que cuando poesía y palabra se alían contra el mundo,
descubren en los surcos que el mar deja en la playa,
hileras de dragones de escamas amarillas;
que, cuando la poesía se une a la palabra,
la luz cae,
se apaga y se consume
nombrando uno por uno el nombre de las cosas
(por eso, un verde más oscuro corona las palmeras)
quiero contarte que entonces se incendia la espalda de
las olas, que llegan las sirenas y secuestran al sol,
que lo oculta tras su daguerrotipo hecho de plata antigua,
y después
(mientras lo llora inconsolable el mar)
lo esconden en los pecios de proa de aquel viejo navío
que surcaba otros Mares en medio de la nada; mas
¿cómo puedo contártelo
si tú no me respondes que acuden en su auxilio
bandadas de cometas -pequeñitas y blancas-
que echan a volar cuando muevo las manos?:
(se suceden naufragios en mis ojos)
pero, poesía y palabra,
dueñas del país de mi Nunca Jamás, me impiden naufragar,
y me cuentan que ser feliz
es
algo muy sencillo: es vivir;
es esperar que vuelvan las sirenas que secuestran al sol,
y ver como, mientras lo llora inconsolable el mar,
con un hilo finito, se cose y se descose (Penélope marítima)
ojales plateados para abrocharse al cielo,
(o a lo mejor... son botones, o quizá... el horizonte);
es,
sentarse,
y esperar que regresen
el aire,
las cometas,
y la última ola -la séptima y más bella- que susurra (ahogado, resucitado, ahogado) mi nombre con sus Labios;
es,
esperar que la noche coloque
la luz
en donde debe,
las sombras donde debe,
y el amor...
en su sitio.
indah
quiero contarte que cuando poesía y palabra se alían contra el mundo,
descubren en los surcos que el mar deja en la playa,
hileras de dragones de escamas amarillas;
que, cuando la poesía se une a la palabra,
la luz cae,
se apaga y se consume
nombrando uno por uno el nombre de las cosas
(por eso, un verde más oscuro corona las palmeras)
quiero contarte que entonces se incendia la espalda de
las olas, que llegan las sirenas y secuestran al sol,
que lo oculta tras su daguerrotipo hecho de plata antigua,
y después
(mientras lo llora inconsolable el mar)
lo esconden en los pecios de proa de aquel viejo navío
que surcaba otros Mares en medio de la nada; mas
¿cómo puedo contártelo
si tú no me respondes que acuden en su auxilio
bandadas de cometas -pequeñitas y blancas-
que echan a volar cuando muevo las manos?:
(se suceden naufragios en mis ojos)
pero, poesía y palabra,
dueñas del país de mi Nunca Jamás, me impiden naufragar,
y me cuentan que ser feliz
es
algo muy sencillo: es vivir;
es esperar que vuelvan las sirenas que secuestran al sol,
y ver como, mientras lo llora inconsolable el mar,
con un hilo finito, se cose y se descose (Penélope marítima)
ojales plateados para abrocharse al cielo,
(o a lo mejor... son botones, o quizá... el horizonte);
es,
sentarse,
y esperar que regresen
el aire,
las cometas,
y la última ola -la séptima y más bella- que susurra (ahogado, resucitado, ahogado) mi nombre con sus Labios;
es,
esperar que la noche coloque
la luz
en donde debe,
las sombras donde debe,
y el amor...
en su sitio.
indah
lunes, mayo 25, 2009
Triste noticia
Me acabo de enterar que indah falleció ayer. Hace unas semanas se encontró mal y ya no consiguió recuperarse. El jueves fue la ultima vez que hablé por teléfono con ella, se encontraba muy cansada. Nunca nos vimos en persona, a pesar de llevar desde el 2005 intercambiando comentarios, correos y conversaciones telefónicas. Ha muerto una gran persona y una gran poeta. Yo no consigo sobreponerme.
Descansa, indah, descansa.
viernes, enero 30, 2009
De pétalos va el viento a finales de enero
(Tras los macizos hay una luz de invierno o de muerte, que susurra promesas de primavera a las ramas, hasta que, enfebrecidas, sucumben a la tarde, tintan de suavidad el filo de las sombras, y los vuelven de seda. En la rotonda, la rosa se marchita en su afán de nacer, y el viento da vueltas y más vueltas, como esta necesidad mía de volver. Volver hasta el mismo poema, una vez y otra vez y otra vez.)
Sé que lo entenderás,
porque dejo de hablar de mí, para hablarte,
a ti, llegado quién sabe desde dónde, y sabe Dios porqué.
A ti -a quien no escribiré un poema, ni aunque un día te amara, ni aunque quizá te ame-,
déjame que te diga que hay dos signos de vida a finales de este desconsolado enero;
y que sobre los mares pequeños que en los charcos ha dejado la lluvia,
aún más azul la luz, alumbra de otra forma, estos, mis espacios contigo.
Cierro los ojos
(las sombras se descuelgan de tejas para dentro; ¿qué será este sigilo,
esta nada, esta desolación?),
y para sí me gana un estruendo de vidrios y raíles.
Suspiro. Si me llamara Julia -pienso- te llamaría Charlie.
Pero ése no es mi nombre.
Ni poseo una llave.
Ni la palabra mágica
que abre las puertas y ventanas cuando -a veces- lo requiere un maullido.
¿Puedes abrir la puerta, Charlie?
Y ella entra, se desliza a tu lado, te mira -si te mira- y se aposenta en su lugar de siempre.
Y aunque se ha traído la lluvia, el frío, el calor, la sed, la libertad, los misterios,
y vuelve de las edades tiernas
deja que te lo diga:
así, cuando de pétalos va el viento a finales de enero,
y la luna, en el límite de su cuarto menguante,
a punto está de dejar de ser luna
-no son mansas las pezuñas del tiempo-
ella se lame, amarillo de Nápoles, tus ausencias, las mías.
Quizá deberíamos mirarnos largamente.
indah
sábado, diciembre 27, 2008
Opus 3 L'estro armonico (*)
I
Inasible como el despertar de un himno sobre la piel, la ortografía del amor
cincela sentimientos. Lejos, mis manos padecen su metamorfosis.
II
Habré de confesar que me has vencido
pero retraso el momento, necesito de toda mi fuerza para ser mariposa.
III
Con frecuencia (no se conoce el límite de estro, que renuncia a las leyes de la usura)
pido a Dios que te libre de este amor con que me amo: tan egoísta.
Tan amor y tan propio. Tan amor propio.
IV
Es esta noche cuajada de fósiles y ámbar, la mensajera. Y porque el temor me puede,
porque en los hilos del tiempo se perfuma la sangre,
porque leo a los poetas y deseo, más allá del presidio de la carne,
poder decir con su voz mis palabras, la tuya sella mis vacíos.
V
Apresurado, el tiempo me nombra. Huyo.
Conozco un lugar donde conviven entre sí cien mil negruras.
Lo conozco muy bien: sus entradas, sus recovecos; sus engañosas simas.
Lo he habitado tantas veces. Tantas, oculta en él. Tantas, a punto de ocultarme.
VI
Penitencia y ceniza. En la carne y el fuego, en tus heridas, húndeme.
Ya ves, yo, que aseguro que nada quiero, todo lo deseo. Por qué me sorprendo si ni se conoce el fósil del verso más anciano, en el ámbar que custodia suspiro y sentimiento.
VII
No puedo, créeme, aunque quisiera no puedo cerrar mis manos.
Ellas, siempre abiertas, reclaman tu miedo para hacer con el mío la media ponderada.
VIII
Frente a mí, donde la luz en un acto de amor se confunde en sus ramas, los olivos viejos me recuerdan la cita.
Se aviva el silencio cuando no cae como una espada sobre aquel ¡velad!, la sangre.
IX
Duro oficio este de reconocerme. Ahora, cuando los relámpagos
no son más que cicatrices de la luz y del agua.
X
Miro hacia allá, hacia donde las horas cuajan y se espesan: aguardo la estación benigna.
En tanto llega, soy tan inexacta y niña como ese Nadie que tiene nombre propio.
Por eso puedo decir lo que jamás he dicho: creémosnos; volvamos a crearnos.
XI
Por eso, y porque hay un tiempo de soledad y otro de amantes,
hoy no habito en la estación depauperada, sino en la sorpresa que,
como el trazo blanco que desahuciara el luto de la pizarra, surge del L'estro armonico.
Y aun cuando en la distancia no soy más que gobierno en el exilio,
he de vivir, intensamente, mi minuto de gloria.
XII
Sab, xx Jun 21:42
Dormida y todo pareces a divina. Descansa en paz, lo más despierta que puedas,
Tu deseo cumplido; qué poco y qué despierta he descansado desde entonces:
siempre en guardia; siempre impidiéndome preguntar si esa "a", sobraba,
o no
indah
(*) Vivaldi
jueves, octubre 02, 2008
«Yarak» (*)
Voy a quemar despacio:
el deseo
el sostenido equilibrio de tu voz
tu forma de quererme
las sombras
el enigma
y mi vestido de gala
en el árido espacio de la intemperie de tu cuerpo
también lo inevitable:
la mentira
lo vano
lo que ofende
la insolencia
las miradas vagas
los desiertos reales
los cambios de estaciones
y mi propia conciencia
que me advierte
de que podría prolongar esta enumeración hasta mañana.
Sin fiador ya: salvaje, libre,
volaré en pos de los pájaros heridos de mis sueños.
Hasta que vuelva a existir.
Hasta que vuelva a estar
a ser
a respirar.
Hasta que de nuevo te encuentre y me recoja.
Hasta que te dé nombre.
Hasta que te nombre.
Hasta que, otra vez, te evoque como un credo.
indah
*Yarak: palabra de origen indio. "Se dice que un azor está en «yarak» cuando se encuentra óptimamente templado para la caza".

