lunes, mayo 25, 2009

Triste noticia

Me acabo de enterar que indah falleció ayer. Hace unas semanas se encontró mal y ya no consiguió recuperarse. El jueves fue la ultima vez que hablé por teléfono con ella, se encontraba muy cansada. Nunca nos vimos en persona, a pesar de llevar desde el 2005 intercambiando comentarios, correos y conversaciones telefónicas. Ha muerto una gran persona y una gran poeta. Yo no consigo sobreponerme.

Descansa, indah, descansa.

viernes, enero 30, 2009

De pétalos va el viento a finales de enero



(Tras los macizos hay una luz de invierno o de muerte, que susurra promesas de primavera a las ramas, hasta que, enfebrecidas, sucumben a la tarde, tintan de suavidad el filo de las sombras, y los vuelven de seda. En la rotonda, la rosa se marchita en su afán de nacer, y el viento da vueltas y más vueltas, como esta necesidad mía de volver. Volver hasta el mismo poema, una vez y otra vez y otra vez.)

Sé que lo entenderás,
porque dejo de hablar de mí, para hablarte,
a ti, llegado quién sabe desde dónde, y sabe Dios porqué.

A ti -a quien no escribiré un poema, ni aunque un día te amara, ni aunque quizá te ame-,
déjame que te diga que hay dos signos de vida a finales de este desconsolado enero;
y que sobre los mares pequeños que en los charcos ha dejado la lluvia,
aún más azul la luz, alumbra de otra forma, estos, mis espacios contigo.

Cierro los ojos
(las sombras se descuelgan de tejas para dentro; ¿qué será este sigilo,
esta nada, esta desolación?),
y para sí me gana un estruendo de vidrios y raíles.
Suspiro. Si me llamara Julia -pienso- te llamaría Charlie.
Pero ése no es mi nombre.
Ni poseo una llave.
Ni la palabra mágica
que abre las puertas y ventanas cuando -a veces- lo requiere un maullido.

¿Puedes abrir la puerta, Charlie?

Y ella entra, se desliza a tu lado, te mira -si te mira- y se aposenta en su lugar de siempre.
Y aunque se ha traído la lluvia, el frío, el calor, la sed, la libertad, los misterios,
y vuelve de las edades tiernas
deja que te lo diga:
así, cuando de pétalos va el viento a finales de enero,
y la luna, en el límite de su cuarto menguante,
a punto está de dejar de ser luna
-no son mansas las pezuñas del tiempo-
ella se lame, amarillo de Nápoles, tus ausencias, las mías.

Quizá deberíamos mirarnos largamente.

indah

sábado, diciembre 27, 2008

Opus 3 L'estro armonico (*)







I
Inasible como el despertar de un himno sobre la piel, la ortografía del amor
cincela sentimientos. Lejos, mis manos padecen su metamorfosis.


II
Habré de confesar que me has vencido
pero retraso el momento, necesito de toda mi fuerza para ser mariposa.


III
Con frecuencia (no se conoce el límite de estro, que renuncia a las leyes de la usura)
pido a Dios que te libre de este amor con que me amo: tan egoísta.
Tan amor y tan propio. Tan amor propio.


IV
Es esta noche cuajada de fósiles y ámbar, la mensajera. Y porque el temor me puede,
porque en los hilos del tiempo se perfuma la sangre,
porque leo a los poetas y deseo, más allá del presidio de la carne,
poder decir con su voz mis palabras, la tuya sella mis vacíos.


V
Apresurado, el tiempo me nombra. Huyo.
Conozco un lugar donde conviven entre sí cien mil negruras.
Lo conozco muy bien: sus entradas, sus recovecos; sus engañosas simas.
Lo he habitado tantas veces. Tantas, oculta en él. Tantas, a punto de ocultarme.


VI
Penitencia y ceniza. En la carne y el fuego, en tus heridas, húndeme.
Ya ves, yo, que aseguro que nada quiero, todo lo deseo. Por qué me sorprendo si ni se conoce el fósil del verso más anciano, en el ámbar que custodia suspiro y sentimiento.


VII
No puedo, créeme, aunque quisiera no puedo cerrar mis manos.
Ellas, siempre abiertas, reclaman tu miedo para hacer con el mío la media ponderada.


VIII
Frente a mí, donde la luz en un acto de amor se confunde en sus ramas, los olivos viejos me recuerdan la cita.
Se aviva el silencio cuando no cae como una espada sobre aquel ¡velad!, la sangre.


IX
Duro oficio este de reconocerme. Ahora, cuando los relámpagos
no son más que cicatrices de la luz y del agua.


X
Miro hacia allá, hacia donde las horas cuajan y se espesan: aguardo la estación benigna.
En tanto llega, soy tan inexacta y niña como ese Nadie que tiene nombre propio.
Por eso puedo decir lo que jamás he dicho: creémosnos; volvamos a crearnos.


XI
Por eso, y porque hay un tiempo de soledad y otro de amantes,
hoy no habito en la estación depauperada, sino en la sorpresa que,
como el trazo blanco que desahuciara el luto de la pizarra, surge del L'estro armonico.
Y aun cuando en la distancia no soy más que gobierno en el exilio,
he de vivir, intensamente, mi minuto de gloria.


XII
Sab, xx Jun 21:42
Dormida y todo pareces a divina. Descansa en paz, lo más despierta que puedas,
Tu deseo cumplido; qué poco y qué despierta he descansado desde entonces:
siempre en guardia; siempre impidiéndome preguntar si esa "a", sobraba,
o no



indah


(*) Vivaldi

Feliz 2009

Lo mejor para ti, seas quien seas, y los tuyos.

Lo deseo de todo corazón.


indah

jueves, octubre 02, 2008

«Yarak» (*)



Voy a quemar despacio:
el deseo
el sostenido equilibrio de tu voz
tu forma de quererme
las sombras
el enigma
y mi vestido de gala
en el árido espacio de la intemperie de tu cuerpo

también lo inevitable:
la mentira
lo vano
lo que ofende
la insolencia
las miradas vagas
los desiertos reales
los cambios de estaciones
y mi propia conciencia
que me advierte
de que podría prolongar esta enumeración hasta mañana.

Sin fiador ya: salvaje, libre,
volaré en pos de los pájaros heridos de mis sueños.
Hasta que vuelva a existir.
Hasta que vuelva a estar
a ser
a respirar.
Hasta que de nuevo te encuentre y me recoja.
Hasta que te dé nombre.
Hasta que te nombre.
Hasta que, otra vez, te evoque como un credo.

indah



*Yarak: palabra de origen indio. "Se dice que un azor está en «yarak» cuando se encuentra óptimamente templado para la caza".

jueves, septiembre 18, 2008

Siempre paseo cuando estoy contigo (rv)

.....................................Ahora siento la pureza de los límites y mi pasión no existiría
....................................si dijese su nombre.
............................................Antonio Gamoneda





Es suicida, ahora que siento la pureza de los límites,
ceder al pensamiento de pasear contigo
aunque sea por lugares que cada día invento
(me gustan los sitios que sólo yo conozco)
De cuando en cuando, lo sabes, me enfurruño,
entonces, en el cielo pinto una nube que empieza siendo oscura
y luego, como clarea a medida que intuyo tu sonrisa,
la ilumino con blanco y ocre, o amarillo,
y retoco las sombras de los árboles: ahora han de ser más azules.
A izquierda, a derecha, o al final del camino, pinto una Venus,
pero si me doy cuenta de que la encuentras bella,
le cambio los ojos, y la boca
(hasta la voz -que ella cree la suya- se la he cambiado yo).
Y tú me ves hacer, y me preguntas: ¿no crees que se parece a ti?
A lo mejor, respondo, o a lo mejor soy yo quien se parece a ella.
Sé que cuando te lo digo- aunque lo intentas- no puedes evitarlo
(es suicida ahora que mi pasión no existiría si dijese tu nombre, lo sé)
pero, si finalmente tus brazos me rodean,
tomo una tiza azul oscuro, y otra que, aunque no lo es, parece plateada
y en mi dibujo, si se deja -que a veces no se deja-
pinto muchas estrellas en el cielo,
y una luna muy grande, o una luna pequeña,
eso depende.



indah

miércoles, septiembre 03, 2008

La memoria de ti



------------------------------------------------------------ dedicado




Desde aquí, donde estoy, veo cómo los álamos
desgobiernan la luz del mediodía,
cómo, avaros, la atesoran, y cómo, ella,
huye de entre sus ramas
abierta y paralela a sí -abanico desnudo de país y varillas-,
dejando atrás dos raíles de consistencia incierta, y una queja:
como un ir y venir de vagones estrechos de un verde indefinible.
Indefinible no, aciago.

No recuerdes, no debes recordar, me digo,
y el pensamiento, aún en “en carne viva”, se interna
por los mapas maltrechos y enroscados,
amarillos cual piel sin estrenar de serpientes antiguas.
Y conspira.
Y deambula.
Y planea también su no regreso.
Pero la senda que conduce hacia el miedo,
Susana, es siempre de ida y vuelta.

Qué obstinada la pleamar de sombras, pienso, y qué densas y oscuras
a pesar de ese signo tan igual a su igual con que la luz abraza su negritud.

La tarde, que ha quedado a merced de quien quiera adoptarla,
es aduana huérfana,
es carta a medio abrir,
es apócrifa como un pañuelo que a nadie dice adiós,
y tan inútil como una letanía de lágrimas
que arrancase a mis ojos -con sus dedos de limón y canela-
la esencia del primitivo barro: del barro primigenio,
inalterable ya,
que guardará por siempre tu memoria.

La memoria de ti.


indah

lunes, septiembre 01, 2008

De ángeles y tiempo


Reconozco esa voz que habla del mar:
me llega desde donde la luz, lejanísima ya, duplica la estatura de mi sombra.
Reconozco esa voz que me reclama
para mostrarme en el ácimo espejo de las olas
la cruz con la que un ángel libró de todo mal mi nombre,
antes de que el granito pregonara ufano su dureza;
y antes, mucho antes, de que se doblegara al tesón del tiempo, y de las gotas.

(Hablo de un tiempo tan remoto, como la edad sin tiempo del insecto.)

Oigo tu voz. Sé que me llama, me apresuro. Y desde allí
-tú pléroma, yo arjé-, desde el hambre más honda,
puedo invocar tus manos, el secreto del fuego, la fuerza de los vientos,
la pericia del agua,
y el asperón redondo y fino de la tierra que habito.

(Me abrasa la sed sin compasión de las salinas
y padezco la ceguera de quien año tras año espera que germine la semilla: mas reconozco tu voz.
Puedo. Es más de lo que quise, mucho más).

Por eso, nada ofrezco que el corazón no sepa contener:
yo intuyo el mar cuando aún es imposible sentirlo,
y tú... cuántas y cuántas veces invento que me quieres,
y que podrías hallar, si los buscaras, trocitos de pizarra entre mis dedos.


indah