sábado, diciembre 27, 2008

Opus 3 L'estro armonico (*)







I
Inasible como el despertar de un himno sobre la piel, la ortografía del amor
cincela sentimientos. Lejos, mis manos padecen su metamorfosis.


II
Habré de confesar que me has vencido
pero retraso el momento, necesito de toda mi fuerza para ser mariposa.


III
Con frecuencia (no se conoce el límite de estro, que renuncia a las leyes de la usura)
pido a Dios que te libre de este amor con que me amo: tan egoísta.
Tan amor y tan propio. Tan amor propio.


IV
Es esta noche cuajada de fósiles y ámbar, la mensajera. Y porque el temor me puede,
porque en los hilos del tiempo se perfuma la sangre,
porque leo a los poetas y deseo, más allá del presidio de la carne,
poder decir con su voz mis palabras, la tuya sella mis vacíos.


V
Apresurado, el tiempo me nombra. Huyo.
Conozco un lugar donde conviven entre sí cien mil negruras.
Lo conozco muy bien: sus entradas, sus recovecos; sus engañosas simas.
Lo he habitado tantas veces. Tantas, oculta en él. Tantas, a punto de ocultarme.


VI
Penitencia y ceniza. En la carne y el fuego, en tus heridas, húndeme.
Ya ves, yo, que aseguro que nada quiero, todo lo deseo. Por qué me sorprendo si ni se conoce el fósil del verso más anciano, en el ámbar que custodia suspiro y sentimiento.


VII
No puedo, créeme, aunque quisiera no puedo cerrar mis manos.
Ellas, siempre abiertas, reclaman tu miedo para hacer con el mío la media ponderada.


VIII
Frente a mí, donde la luz en un acto de amor se confunde en sus ramas, los olivos viejos me recuerdan la cita.
Se aviva el silencio cuando no cae como una espada sobre aquel ¡velad!, la sangre.


IX
Duro oficio este de reconocerme. Ahora, cuando los relámpagos
no son más que cicatrices de la luz y del agua.


X
Miro hacia allá, hacia donde las horas cuajan y se espesan: aguardo la estación benigna.
En tanto llega, soy tan inexacta y niña como ese Nadie que tiene nombre propio.
Por eso puedo decir lo que jamás he dicho: creémosnos; volvamos a crearnos.


XI
Por eso, y porque hay un tiempo de soledad y otro de amantes,
hoy no habito en la estación depauperada, sino en la sorpresa que,
como el trazo blanco que desahuciara el luto de la pizarra, surge del L'estro armonico.
Y aun cuando en la distancia no soy más que gobierno en el exilio,
he de vivir, intensamente, mi minuto de gloria.


XII
Sab, xx Jun 21:42
Dormida y todo pareces a divina. Descansa en paz, lo más despierta que puedas,
Tu deseo cumplido; qué poco y qué despierta he descansado desde entonces:
siempre en guardia; siempre impidiéndome preguntar si esa "a", sobraba,
o no



indah


(*) Vivaldi

2 Comments:

Blogger Carz said...

He llorado en tu hombro tantas veces que ahora te dejo el mío para que sonrías. Conmovido por ti, por cómo escribes lo que llevas en tu interior, por lo que sé que eres.

Un beso, indah.

6:19 p. m.

 
Blogger indah said...

¿Y no te preocupa que me quede con él, y 'aluego' lo subaste? : ))

Gracias, Carz, tienes un hombro mágico, ¿lo ves? ya he sonreído.

¿Has limpiado los zapatitos ya? Pues cuidadín, que acabo de ver a un paje de SSMM Los Reyes de Oriente, tomando notas...

indah

10:12 a. m.

 

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