martes, octubre 04, 2005

V- La llama de una vela.




Admiro el frágil equilibrio, y la lucha casi titánica, de un pétalo tratando de permanecer unido al tallo de la rosa que lo provee de vida: aun cuando apenas les ata un punto infinitesimal, resiste. Admirarme, es una forma como cualquier otra que me permite desentenderme de los relámpagos, de los truenos, de la llama de una vela -se ha ido la luz-, y de las asustadizas sombras que al más leve movimiento huyen a esconderse en los rincones.

Cuántos temores espanta la pobre y mezquina luz de una vela -pienso-, o cuántos es capaz de revivir, como ocurre hoy con los míos. Y es que, sin poder evitarlo, oigo de nuevo esa voz que parece llegada de ultratumba -que el tiempo y los miedos infantiles hacían resonar con tono lúgubre- pronunciando lo que entonces, igual que ahora, me pareció una terrible amenaza: si no quieres ver la sombra de tu pensamiento, nunca mires fijamente la llama de una vela. Nunca. A veces, cuando termina el apagón, lamento no haber cedido al deseo, a la tentación de comprobar si es cierto y, por no llamarme cobarde, me digo: otro día será. Cuando estés preparada para descifrarla.


indah

1 Comments:

Blogger Mar said...

Reconozco los textos que vas enviando (es mucho tiempo el que hemos compartido ¿verdad?) y sin embargo, siempre me parecen diferentes.

Hay que tener cuidado con las velas y con las sombras que crea su luz :DDDDDD

Besos

4:53 p. m.

 

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