jueves, mayo 04, 2006

Una nueva sorpresa.





-Cierra los ojos –dices riéndote porque sabes que prefiero no hacerlo: me asusta la oscuridad repentina-, ¡es una sorpresa!

Las palabras pasean tu boca, tan cercanas a ti, que por un momento ignoro la sorpresa que van a descubrirme para envidiarlas: son tuyas. Y eso que me las entregas, y eso que me buscan en el aire que respiro, o en ese cálido rinconcito en el que a veces se esconden esperando un mimo, una caricia, un «¿dónde estás?», un «¡ven!» o un «¡no te vayas!». Y, como sabes que van a sorprenderme, las dejas escapar. Y vuelan. Y salen a mi encuentro.

-Vamos, vamos, ¡cierra los ojos!–. Repites.

Como si urgiera.

Por fin cedo y te dejo hacer. Tus manos me conducen por entre esos laberintos inventados que yo pinto de rosa, o de verdes y amarillos, mientras me voy preparando para la sorpresa. Qué sería de este juego si no me sorprendiera.

Veintiséis, veintisiete, veintiocho, dos paso más y te oigo decir:

-¿A qué esperas? Sólo treinta pasos y te vuelves perezosa. Vamos, ya puedes abrirlos –insistes, en tanto que tus manos agitan las mías rítmicamente en el aire.

Callo, ahogando la risa, preguntándome de qué nueva ocurrencia se tratará esta vez. Por fin salgo de mi pereza y abro mucho los ojos; mucho. Y esta vez no envidio tus palabras porque te veo en el espejo tan cercano a mi nuca como ellas. Emocionada, busco por su brillante superficie, como si de una flor se tratase, esa mariposa que, según dices, he de encontrar en él.

-¿A que merecía la pena? –afirmas más que preguntas-. No todos los día se ve una mariposa tan bella: blanca con irisaciones celestes. Y sí –continuas, adelantándote a mi pregunta y obligándome, tiernamente, a volverme hacia ti-, tiene un nombre científico, pero no la hace justicia. Por eso a mí me gusta llamarla por su nombre común: la Mariposa del Espíritu.

Ahora no puedo verla, pero sé que aletea. Que aletea y tiembla igual que una brisa «niña» (¿o quizá una brisa infantil?) cuando el viento fuerte, y rendidamente enamorado, la mece entre los brazos.


indah

7 Comments:

Blogger Thalasos said...

Un cuento de primavera. Mariposas, prímulas y espíritus -había tecleado espitirus- y amantes en el espejo. Bonita combinación. Sabia. Muy sabia.
Bsos poetisa.

9:04 p. m.

 
Blogger Víctor Manuel Ramos said...

No entendí muy bien, pero todavía así me gustó el sentido de lo maravilloso.

5:02 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Te encontré en el camino
entre las flores del verso
cuando el atardecer caía
la noche se mecía
en la tersura de tu piel
la luna se entretenía
enredándose en tu pelo
en tu regazo dormita.
Te encontré en el sendero
tus labios me sonreían
mi mano con un gesto
de ti se despedía
el peregrino a la senda
a caminar volvía

No te olvida. Tu amigo

1:00 a. m.

 
Blogger indah said...

¡¡Espitirus!! ¡Caray! Si son tan feos como suena, deben de ser horrendos :))))

¿Y mi poema? :) Cachis en los mengues, lo echo de menos...

(Jobar, debe de ser una venganza... tengo que escribir hmmm, fonéticamente: pichinky; ¿a que suena a nombre de espitiru manignlo? :)

11:08 p. m.

 
Blogger indah said...

Gracias, Víctor, es la más bonita crítica que han hecho a uno de mis inentendibles "cuentecitos". No es fácil, para mí al menos, expresar una sensación. No, no es fácil. Y así todo (tiembla mundo) no me rindo :)

Ya veo que tú tampoco. Gracias por no rendirte.


mecakkhw... en fin

11:14 p. m.

 
Blogger indah said...

Siempre sonreiré al leerte (usuario anónimo). Y, fíjate: me quedo embobada contemplando en mi pensamiento una de las flores que más me gustan: una florecilla como las que nacen cerquita de las charcas. Es amarilla, y perfecta. Absolutamente perfecta. Y una brisa (infantil) me allega tu afecto junto con tu beso. Termino exámenes en Junio. Para entonces espero disponer de algo más de tiempo. No te olvido. Lo sabes.

11:22 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Yo sin embargo los termino ahora, dentro de dos semanas. Ha hecho, está haáciendo un tiempo perfecto. El campo, mi entorno, está magnifico, lleno de florecillas, radiantes,saturado de los trinos de los pajarillos en celo.

Tiempo ideal para pasear saboreando los colores, olores y sensaciones que la naturaleza nos regala. Momentos para que la imaginacioón cargue pilas y después, en el silencio, seamos capaces de volcar en un papel todo lo que sentimos.

Tu también , guaja, sabes que de olvidarte ¡nada de nada!

Un beso y una de esas floes amarillas que crecen junto a las fuentes.

10:42 a. m.

 

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