miércoles, junio 08, 2005

En el viento, hacia el mar, Julia Uceda y San Cupertino


Mi madre reza a san Antonio cuando pierde alguna cosa. Y san Antonio siempre se la encuentra. Entonces ella busca el cepillo de las limosnas de san Antonio, y le paga la deuda. A mí san Antonio no me encuentra nada, mejor dicho -y con el debido respeto que yo le tengo al santín casamentero-, creo que, simplemente, sabe que no le voy a pagar y por lo tanto no busca. Digo creo, y bien podría decir que estoy segura, hasta mi madre me lo dice: "tacaña, eres una tacaña, cómo te va a buscar nada si le debes ni se sabe cuántos euros..." (¡vamos, como si yo perdiera todos los días algo!)

Todos los día no, pero el mes pasado, acostumbro a leer mientras voy en el autobús, perdí un libro muy querido para mí. Querido porque era un regalo. Querido porque yo amo la palabra hecha Poesía. Sí, se me perdió: "En el viento, hacia el mar" de Julia Uceda, premio Nacional de Poesía 2003. Pasó un tiempo antes de que lo echara de menos, hice un viaje largo, estuve fuera más de quince días. En fin, pensé que, aunque suele acompañarme, lo había dejado en casa. Pesa un poco y había elegido uno más manejable para leer.

A mi regreso lo busqué por todas partes, incluso donde era imposible que estuviese. No apareció. Pregunté en todos los sitios, amigas, amigos, a sus madres, en tiendas, etc., en cualquier lugar que hubiera podido dejármelo, preguntaba. Nadie supo darme noticias de él. Y mi madre dijo, si no le debieras tanto dinero a san Antonio... bueno, bueno, yo se lo pediré.

Y yo pensé, va a dar igual, a mí no me busca nada, pues anda que... con la cantidad de veces que le llamado usurero... puff.

Mi madre tiene su santo, y yo tengo el mío. Me lo recomendó una amiga una vez que perdí un pendiente. No hay que ofrecerle pasta. No hay que martirizarle como a san Cucufato, no.

Mi santo es un santo humilde y muy generoso que se conforma, a cambio de buscarte lo que sea, con lo que podríamos llamar "poca cosa". Ah, pero no, ahí está la trampa, en realidad lo que le das a cambio es tan grande que no tiene valor. Y mi santo existe, si señor. Claro que sí. De hecho, celebra su santo (nunca mejor dicho) el 18 de septiembre, si bien yo le he quitado el José y le llamo por el apellido a secas -¡el pobre!-. Parece que no le importa mucho; yo le llamo Cupertino aunque en realidad es José de Cupertino (me acabo de enterar ahora mismo, palabrita de El Niño Jesús :) Bueno, pues a lo que íbamos, si se te pierde algo hay que rezar medio Padre Nuestro (el otro medio cuando lo encuentres). Desde luego que lo recé; y el sábado pasado, sí fue el sábado pasado, estaba yo, incluso, un poco enfadada con él. Caray, le decía, es la primera vez que me fallas. Y lo malo es que no puedo rezar la otra mitad.

Ya me había hecho a la idea. Sólo le pedía a Dios (como la canción) que a quien lo hubiera encontrado le gustase la poesía. Y empecé a pensar en ahorrar para comprármelo otra vez, aunque el ejemplar perdido era un regalo ¡cachis! Pues bien, el lunes fui a recoger unos botones, y la dueña de la mercería me dijo:
-¿Tú te dejaste un libro aquí?
-¿De poesía, de Julia Uceda, el premio nacional, tiene las tapas color crema y una franja naranja? -le apabullaba yo sin darle tiempo a que me respondiera.
-Uis, chica, para, para que no entiendo nada de lo que me dice. No sé de quién es, pero está aquí, y sí, creo que es de poesía.

¡Qué alegría tan grande!

Libro en mano, calle adelante, sintiendo el viento revolviéndome el pelo, recé la otra mitad del Padre Nuestro.

Y qué estupendo es mi santo. Y me aguanté las ganas de decir: "Mira, me ha encontrado el libro a mí. Y sin pagar ni un céntimo. Que lo sepas". Pero pensé que no estaba bien ser tan... sí, malvada :)

Quizá no dé la dimensión de mi tristeza cuando lo consideré perdido, pero copio uno de los poemas que más veces he leído del libro:


EL REGRESO

(A Manuel Montero)


¿Verdad que yo debiera morir
ahora que el tiempo es como un ascua pura,
ahora que el cielo
es un gesto total de bienvenida?
Sin embargo, yo pienso en la noche,
en los vagos caminos de la noche
por los que iré perdiéndome, borrándome.
Y quedará a mi espalda... nada.
Un silencio, un vacío, un mundo no creado.

¿O no? ¿Podré tal vez un día
correr, como una niebla silenciosa,
desde el mar a la tierra,
abrazando los altos pinos
que no me ven ni me conocen?

Secretamente, creo que volveré.
Con mis cabellos duros
jugarán las estrellas y las fuentes
y yo seré un misterio más en los misterios,
hoja en hoja, sonido en aire, tierra...

Y tal vez dentro de un hogar,
el hombre joven diga a la mujer:
Cierra ya la ventana. Esta es noche
de nieblas y de brujas. Ven.
Y ámame."

Julia Uceda





1 Comments:

Blogger UMA said...

Indah! si me hiciste cagar de risa con la destreza con que relatas tu odisea! Pero por lo que transcribes, si valìa la pena el librito!! reverencia ;)

6:58 p. m.

 

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