lunes, mayo 16, 2005

La Leyenda


«Y vendrá de una tierra
donde el sol es mas claro
una mujer que...»



A carz, joshua y uma.
Y a quien quiera que sea que tenga la paciencia de leerla.
(Es una historia un poco... pero, no puedo evitarlo y siento auténtica debilidad por ella.
Espero que me lo perdonéis :)


Cuenta una leyenda que en una noche serena iluminada por una enorme luna que lucía sus mejores galas del año, haciendo palidecer de envidia a las más brillantes, presumidas y coquetas estrellas, Pep, el farolero, dijo haber contemplado una inusual escena. Nadie le creyó, y desde aquel día le conocieron como Pep «el visionario».

No le creyeron porque todos habían olvidado la forma en la que los primitivos habitantes de las costas mostraban su agradecimiento. El mundo giraba alocado haciendo correr de igual manera a los seres humanos que, agotados, no tenían tiempo ni para sobrevivir, ni para sobremorir. Únicamente aquellos que se había refugiado en el saber y el conocimiento de las antiguas máquinas, eran libres de tanta locura.

Pese a las carcajadas que sus palabras arrancaba a sus conciudadanos, él nunca dejó de contarla. Y tan fiel fue a aquella visión, que su último pensamiento antes de unirse para siempre a a su Creador, fue para la mujer que había ocupado sus sueños durante muchos años y que, sonriendo, le ofrecía sus manos para ayudarle a traspasar la puerta que separaba su mundo de aquel otro que es infinito y se encuentra a la otra orilla de la que conocemos como vida.

He aquí resumida, la historia que él relataba: «Vi a una mujer que salía de la oscuridad de la cueva, y mientras sus ojos vagaban por la superficie de La Madre Mar, en una noche serena inquietantemente iluminada por la luna, ella, La Elegida como era llamado por los seres que poblaban las profundidades se encaminó pausadamente hacia la orilla.

Las olas, en aquella noche mágica, venían a morir a la playa sin estrépito, en un extraño y desconcertante silencio. Con delicadeza -como procedían a agradecer las muestras de amistad los antiguos habitantes de las lejanas tierras donde el sol es más claro y la luz escapada, quizá, de alguna mina de diamantes situada en el otro confín del mundo, reverbera sobre el blanco-, elevó sus manos sobre los cristales líquidos de los que está formada La Mar, esparciendo suavemente un puñadito de otros miles de dorados cristales que forman las arenas de la playa. Se inclinó gentilmente hacia el destinatario de su gratitud. Encargó a las aguas le buscaran donde estuviese, y que nunca dejaran de hacerlo hasta hallarle. Y que, cuando así fuera, depositaran a sus pies el presente que para él les había entregado, símbolo de su amistad y agradecimiento.

Desde entonces las aguas de La Mar, aconsejadas por sus confidentes los ríos, van y vienen buscándole por todos los confines de la tierra, del universo y del ciberespacio».

Si algún día te pesa demasiado la soledad, cree firmemente que ella ha pedido te sea entregado su presente, y la magia de las leyendas, de las hermosas leyendas que tanto ayudan a los pragmáticos seres humanos a vivir, será compañía para esa soledad, al menos por un instante.


indah

2 Comments:

Blogger Carz said...

También cuenta la leyenda que la Dama Blanca había jurado ser siempre fiel a «los visionarios» y que esto le había apartado de lo cotidiano. Pero todo tiene un precio, porque el azar habita en lo cotidiano y, al apartarse de lo común, cerraba la puerta a lo extraordinario.

Con el tiempo las casualidades dejaron de acercarse a los escasos lugares por donde la Dama Blanca deambulaba. Y ya se sabe que las casualidades son el engranaje primordial del crecimiento.

Moraleja, la Dama Blanca se quedó en blanquita :-)

Bonita leyenda, indah.

4:54 a. m.

 
Blogger UMA said...

Tantas veces somos el visionario fiel a sì mismo y tantas otras los necios conciudadanos...Hermoso regalo, y en medio de esa soledad elegida y preciada y a veces pesada, tu leyenda ha virado mi timòn en este instante para que se dibuje esta mueca de sonrisa en mi rostro...Gracias por esa belleza de tu alma...que tambièn me hace emerger desde las aguas.

1:57 p. m.

 

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