lunes, julio 02, 2007

Ahora

Se desnudaba el viento, y
-viejo rey Midas- insinuaba tesoros a las olas;
dispersas en la orilla, media docena de conchas
-húmedas aún de nácar y de azules-,
reflejaban la pátina con la que el sol adorna las montañas.


Mediodía frente la mar de un tibio otoño:
me resguardaba en ti de una lluvia de arena y de algas.


Cómo olvidar la playa interminable
donde siempre llovía; cómo olvidar partidas,
frente a frente los dos,
y entre nosotros, plantándose batalla,
los alfiles, las torres, los caballos,
con el marfil del cielo como fondo.


(Hablaba, lo sé, con el único afán de distraerte).


—Hablarte -decía - para pagar con ello lo que callas.
(Enarcabas las cejas
y, enfurruñado, hacías que no oías).

—Vivir -te sonreía-
para ponerle fin a ese deseo constante
de morirse la mar en cada ola,


(no me arrepiento:
quería ver tus ojos, adivinarte en ellos).


Y cuando la noche pegada a la ventana
nos rodeaba de estrellas y salitre,
y al otro lado del tablero, rey y reina
jugaban por nosotros la partida


—¿ahora callas? –brillaba tu sonrisa- tramposa,
¿ahora callas?

este descabellado plan, me dije,
sólo tendrá sentido si yo gano;

—sí, ahora... (y es que, sobre las dieciséis casillas -negras blancas-,
tu rey se defendía de un inocente peón que coronaba);
y aun amor, te advertí, me queda otro
para poder existir por siempre
en el asombro que me produce saber que tú me amas.


indah

1 Comments:

Blogger f g m said...

No sé si habrás visto, jamía, que te fusilé este poema en las ñus. como ultimamente andas tan missing pos igual no. espero que me perdones ese pecadillo menor.y que estés bien.

Mac

10:56 p. m.

 

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